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Uruguay

20.08.2015 08:00  » 

Desde Uruguay diseñan asistencia financiera para auxiliar al sector arrocero

 

Fuente: El Observación |

En los próximos días el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) anunciará un instrumento financiero que permitirá que los productores arroceros superen una coyuntura adversa.

El ministro lo anunció en su oratoria en el seminario “El sector arrocero uruguayo, desafíos para la competitividad”, organizado por la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) en la Cámara Mercantil de Productos del País. Comentó que el sector afronta un deterioro en el precio de exportación y que la readecuación de los costos, cuya baja estimó de un 10% a un 15%, se notará recién en el próximo ejercicio.

Ello ambienta a que el MGAP trabaje en “un mecanismo de comprar tiempo” que permita “pasar financieramente una situación complicada”, indicó. Subrayó, varias veces, que la pregunta a hacerse es si se está ante una situación coyuntural o estructural: “Si es coyuntura tiene muchísimo sentido cruzar el puente; si es estructural cada uno tiene que hacer su cuenta”.

Apuntó que “de esta situación se sale todos juntos y si no, no se sale”. Dijo que el sector arrocero “se construyó de esa manera”, situando su origen hace 88 años y caracterizándolo por tres conceptos clave: innovación, inversión e integración. Aguerre sostuvo que se trata de un sector que alcanzó logros relevantes sin que ello sea patrimonio de una administración de gobierno, y que “siempre hubo articulación entre lo público y lo privado”, acompañada de una muy óptima disposición de productores e industriales.

El sector arrocero uruguayo se caracteriza por innovador, inversor e integrador. La eficiencia en el accionar permite que hoy Uruguay se diferencia en el mundo porque en ninguna otra parte la media nacional de rendimiento se acerca tanto al potencial de investigación y porque la diferencia de productividad entre quien produce menos y quien produce más sea tan corta.

Señaló que el mejor ejemplo de un sector que ha hecho bien los deberes en materia de competitividad estructural y sistémica es el del arroz, porque ha generado innovación, inversión, se ha adaptado a la variabilidad climática, ha incorporado el riego, ha logrado un mejoramiento genético nacional, ha certificado la semilla como un activo, se ha integrado en la cadena, se ha diversificado comercialmente y ha logrado una calidad intrínsica y logística en el producto. Todo eso, remarcó, se logró en un país que no posee ventajas comparativas para producir arroz, habiendo logrado puramente ventajas competitivas.

Expuso que en los últimos 10 años el arroz solo tuvo un año con un precio muy alto, asociado a un evento climático en Asia, y que los pronósticos indican que a corto plazo puede haber una nueva situación climática que beneficie con un ajuste de stocks, coincidiendo tal vez con un ajuste local en los costos, lo que ambientaría la oportunidad de disponer ahora de un instrumento que permita “comprar tiempo”, reflexionó el ministro Aguerre.

Ernesto Stirling, presidente de la ACA, en diálogo con El Observador resaltó la pertinencia de una ayuda financiera para que los productores arroceros puedan superar las dificultades que afronta, en tanto, por otro lado, instó a encarar al conjunto de desafíos expuestos en la mencionada jornada, los que citó como “obstáculos a superar para que el sector arrocero siga siendo una locomotora para otras actividades productivas en las zonas donde plantamos arroz”.

Tres deberes afuera de fronteras

En un sector que exporta el 95% de la producción, es clave la actitud que, Aguerre anunció, tendrá el gobierno al mejorar las condiciones comerciales para acceder a Perú. El tema se maneja a nivel presidencial: colocar al sector como estratégico en el marco de un eventual acuerdo del Mercosur con la Unión Europea y revivir iniciativas con algunos mercados que alguna vez fueron importantes.

Afuera de los dos motores

Finalmente, Tabaré Aguerre advirtió que la diferenciación que Uruguay logró con el arroz no lo logró nadie más, no obstante precisó que se trata de un producto que no formó parte de los dos motores que movieron a los agronegocios del mundo en la última década: el aumento de consumo de proteínas animales por parte de 80 millones de personas adicionales cada año y el destino que hubo de algunas de esas materias primas a la producción de biocombustibles; “cada asiático que empezó a consumir carne dejó de consumir arroz”, graficó.